Dictadura de la democracia

Dictadura de la democracia

Enrique Marcos | A lo largo de toda mi vida me han dicho que el comunismo es el mal, pues los comunistas te quitan la libertad de expresión y de prensa, te quitan la casa para obligarte a compartirla, te obligan a trabajar 80 horas semanales para enriquecer a unos pocos… Resulta que a día de hoy en las democracias occidentales se cumplen todos estos puntos. Pero el que vengo a destacar aquí va a ser el primero: ya no existe la libertad de información en Occidente, un pilar fundamental en nuestra sociedad.

Quiero centrarme en España en este caso. ¿Cuándo se perdió el norte de que la libertad de expresión y de prensa no eran fundamentales? Al parecer cualquier narrativa que se salga del discurso predominante es censurada o tachada de extremista para mandarlo al basurero de la sociedad. Mismamente, el propio El Jacobino y algunos de sus integrantes han sido tildados de extremistas (neorancios) simplemente por poner encima de la mesa varios temas que no se han discutido nunca -al menos desde que tengo uso de razón- en el panorama nacional.

Este fenómeno se ha ido agudizando desde 2020. Con la pandemia provocada por la Covid-19 -que quiero dejar claro que es trágica, por si alguien me quiere tachar de negacionista- se han ido restringiendo una serie de voces/derechos que deberían ser fundamentales. A cualquier voz crítica se le ha censurado, señalado e incluso introducido en listas de “disidentes”. Ya no hablo de temas “tabú” por la sociedad como podrían ser el género o el nacionalismo, sino de temas como la guerra de Ucrania o las revueltas de Colombia. ¿Alguno recuerda vídeos o información sobre las revueltas en Colombia como vemos ahora con la guerra entre Rusia y Ucrania? ¿Acaso no lleva habiendo guerra y violación de derechos, que nosotros consideramos fundamentales, en Ucrania desde 2014?

La gran prueba de esta manipulación -y provocador de este artículo- es la censura de medios rusos (RT y Sputnik) o incluso el señalamiento de expertos en geopolítica por analizar la situación. Ya no solo los expertos empiezan diciendo que condenan plenamente esta invasión, sino que la analizan -con análisis muy buenos, por cierto- y les acusan de prorrusos, de justificadores de Putin y otras tantas burradas que se pueden ver en los medios de comunicación. Es decir, se ha censurado deliberadamente una parte del discurso, en concreto, aquellos que discuten las versiones “oficiales” que nos dan. Actualmente, la cantidad de información, o propaganda, mejor dicho, es abrumadora, el grueso de la sociedad repite como papagayos lo que dicen los medios de comunicación y todos con el mismo discurso debido a la censura. Entonces, dado este escenario, debemos replantearnos la “libertad” de prensa en nuestro país (y todos los de alrededor).

Es triste que estando en la “era de la información” el pueblo esté más desinformado que nunca, debido a una propaganda brutal que controla el pensamiento de la población. Parecemos las personas de la caverna de Platón que, tras 2500 años, no hemos aprendido absolutamente nada, seguimos creyendo que las sombras son la única realidad que existe. Pero más triste es que toda esta propaganda la va a pagar el pueblo volviéndose más pobre, ¿o acaso las sanciones a Rusia no han traído consecuencias? Por mencionar algunas: el precio de la luz está más disparado que nunca -que ya era complicado- el gasoil y la gasolina sigue en ascenso -el gobierno ha tomado la decisión de liberar 2 millones de barriles para la guerra- y existe desabastecimiento en algunos supermercados debido a que Ucrania y Rusia son la granja de Europa. A nadie le gusta la guerra, pero aplaudir las sanciones sin tener en cuenta el impacto que van a tener en tu vida es una de dos: te has dejado engañar o estás engañando a la gente.

No podemos permitir que las voces críticas o fuera del discurso imperante sean censuradas o condenadas al ostracismo -como ya ha pasado a compañeras de El Jacobino-. Nuestra sociedad tiene cosas buenas y cosas malas -como todas- pero una de las mejores cualidades es la libertad de prensa -salvando las distancias de que siempre hay y debe haber censura, por ejemplo, apología al nazismo- y la capacidad de informarte libremente de lo que quieras. Carece de sentido decir que somos los garantes de libertad del mundo y luego se recorte esa misma libertad a la población para que no se informen de un problema que sufre por un medio que no sea afín, es decir, no se pueda informar por un medio que no sea la propaganda del régimen. Luego a algunos se les llena la boca con la malvada dictadura china que no tienen libertad de prensa. La mejor manera para enterarse del conflicto es irse a medios asiáticos, Twitter o incluso Telegram. Personalmente, y con escepticismo -porque uno no sabe que puede ser verdad y que puede ser mentira-, he visto completas barbaridades (por ejemplo, torturas y persecución de civiles) por parte de Ucrania que no salen en los medios convencionales.

Como conclusión quería dejar una reflexión, ¿cuándo hemos dejado que nuestra democracia se convierta en una dictadura de la información y todo aquél que se salga del discurso hegemónico sea expulsado de la sociedad? ¿Cuándo hemos perdido el poder de decidir sobre esto? ¿Cuándo hemos asumido vivir en la dictadura de la democracia que nos imponen, que ver, que leer y que escuchar? ¿Qué temas hemos sido completamente sesgados y no nos hemos dado ni cuenta? ¿Cómo podemos seguir vendiendo que nuestra sociedad es democracia y libertad?

 

Enrique Marcos


Nacido en Asturias en 1997. Físico y matemático por la universidad de Oviedo. Actualmente trabaja en el sector financiero.

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