Sobre la autodeterminación

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Miguel Ángel Derqui | Ante los recientes comentarios de las dos magistradas del Tribunal Constitucional, proclives a “reestudiar” las posibilidades de autodeterminación de las Comunidades españolas que legal y ordenadamente lo deseen, en línea con las actitudes al efecto de los partidos de la coalición que gobierna España, surgen algunas reflexiones que evidentemente no son novedosas pero que parece necesario insistir en ellas.

Se entiende que la autodeterminación sea una salida adecuada en un proceso de descolonización, pero es difícil asumirlo en una nación históricamente integrada, en donde la interconexión de su población en todos los ámbitos, ya sea afectivo, cultural, social, económico, laboral, en fin, de todo tipo, sea plena como es el caso de España, aunque evidentemente se está deteriorando como consecuencia de las actitudes y procesos secesionistas, que venimos sufriendo desde la Transición y que ningún Gobierno de España ha sabido neutralizar, antes bien, por intereses espurios e inconscientes, todos han propiciado en mayor o menor medida.

Sin embargo, es fácil entender que los secesionistas de cualquier región española pretendan crear estados independientes, entre otras cosas porque sus promotores acumularán un poder superior al que detentan en la actualidad, sin que parezca que les importe mucho que los habitantes de esas comunidades vayan realmente a mejorar su bienestar integral.

Por otra parte, la actitud beligerantemente inamistosa de los secesionistas frente a España y los españoles, daría lugar a que esos hipotéticos nuevos estados fuesen poco proclives a una buena relación con el Estado Español. O sea, sin ninguna posibilidad de federación con España, que es lo que se supone tienen como objetivo PSOE, UP y PCE.

En consecuencia, lo que no se comprende bien es la actitud del actual gobierno de coalición de esos tres partidos, de favorecer las ansias secesionistas, porque mientras se desarrollase ese proceso de secesión podrían gozar del apoyo de los secesionistas para seguir gobernando en España, pero cuando culminase el proceso de secesión, ya no podrían contar con ese apoyo y sí con la animadversión de un gran sector de la población española.

No es fácil entender esa política porque sus burdos y perversos réditos son muy cortoplacistas.
Tampoco se conseguiría, como queda dicho, un Estado Federal que integrase a las Comunidades que se hubiesen separado, porque, obviamente, éstas no están ni estarían por la labor.

Ya la España actual es de hecho un Estado Federal, en el que cada Comunidad Autónoma hace de su capa un sayo y en la que, lamentablemente, reina la insolidaridad y la competencia feroz entre Comunidades, donde el espíritu de cooperación entre ellas es mínimo y en todo caso, cuando lo sea, lo es solo por mezquinos intereses económicos y no por motivaciones humanas, culturales y sociales.

De manera que ¿adónde nos quieren llevar los partidos de la coalición gobernante y por qué? Porque no parece que a medio y largo plazo eso beneficie a nadie, salvo a los líderes secesionistas, porque, como se ha anotado antes, tampoco beneficiará esencialmente a la población de las Comunidades separadas y desde luego no al resto de España.

El Brexit es un buen índice de cómo la separación no produce más bienestar a la población.
Otros casos, como los de la antigua Yugoslavia, son diferentes, porque se trataba de comunidades en las que había fructificado mucho antagonismo, aunque también en ese triste caso, muy probablemente todo fue orquestado por determinados líderes ambiciosos y belicosos, con pocos escrúpulos y con el apoyo incomprensible de ciertos estados europeos.

Hay muchas cosas que resulta muy difícil entender desde la racionalidad y una actitud convivencial, solidaria y cooperadora, que es lo que el mundo necesita.

Y ¿Qué podríamos hacer en España?

Lo primero que parecería esencial es fomentar la valoración de todo lo común entre españoles, lo que no quiere decir anular la personalidad singular de cada uno, pero tampoco potenciar un artificial espíritu diferenciador, antes bien recuperar un clima de acercamiento entre todos, priorizándolo respecto al sentimiento localista, ya sea de municipio, región o comunidad autónoma. Huir de los sentimientos competitivos entre las distintas partes de España y potenciar los sentimientos fraternales y de solidaridad entre todos, lo que evidentemente requiere una armonización social, un equilibrio e igualdad de bienestar en lo esencial entre todos los pueblos y regiones de España, con libertad total, real, de movimiento y establecimiento de todo español en el lugar de España donde mejor se sienta, porque no exista ningún tipo de discriminación entre españoles.

Obviamente estos principios vitales se deberían aplicar también a cualquier persona del mundo que, de acuerdo al procedimiento legalmente establecido en base a la fraternidad universal, quisiera vivir también en España.

Todo esto no es una ensoñación. Es perfectamente posible y si se aplicase en todas las naciones, en vez de imperar la competencia beligerante e inamistosa, el mundo se regiría por la cooperación y el entendimiento, que no va en menoscabo, en absoluto, del espíritu innovador y creador. Todo es función de una buena organización de las instituciones unitarias de cada Estado, que elegidas y controladas democráticamente, aseguren el bien común y el progreso armonioso de sus sociedades.

 

Miguel Ángel Derqui


Ingeniero Industrial, Graduado en Alta Dirección de Empresas. Tras haber sido CEO en Argentina, de Austral Lineas Aéreas y Aerolíneas Argentinas, y en España de Galerías Preciados, es Productor Ejecutivo y Guionista de Series Documentales y de Ficción para Tv, en cuya Producción participa.

Todos los comentarios

  • La actitud del actual Gobierno de España, al contrario, se entiende perfectamente (no quiere decir ello que se comparta). Simple cortoplacismo electoral, por parte de un PSOE que, por un lado, es coherente con la actitud que ha tenido siempre (al contrario que el Pp que entra en incoherencia tras haber pactado y concedido parcela al nacionalismo, cuando le convino). Y que por otro lado necesita hacer ver que tener al nacionalismo apaciguado con pequeñas prebendas es la solución al conflicto independentista.
    Sobre los buenismos de solidaridad y libertad e igualdad, etc., me desplazaría comparativamente al debate de la discriminación entre hombre y mujer, siendo que seguro que no nos atrevemos aquí a cargar contra la discriminación positiva. Porque confundimos conceptos. Una cosa es que debemos ser iguales en cuanto a derechos, y otra es que seamos iguales en cuanto a condición y forma. Porque no somos iguales. Hombre y mujer tienen iguales derechos, pero no son iguales y esa desigualdad dificulta alcanzar esa igualdad de derechos. Pues entre territorios pasa lo mismo. No somos iguales. Y hay que entender que la solidaridad territorial supone que los que más tienen, deben ser solidarios con los que menos tienen. Otra cosa es que las comunidades que más tienen, como Madrid, Euskadi, Navarra y Cataluña, sean precisamente las que más se quejan y las que traducen su poder parlamentario en un relato de victimismo según el cual “el resto de España les roba”. Así que tenemos a los nacionalistas madrileños señalando a los otros nacionalistas y viceversa, quejándose de la insolidaridad de los demás, cuando históricamente, han sido siempre los territorios más favorecidos, a pesar de ser los más ricos. No va la cosa sólo de identitarismo sino de injusticia histórica, alimentada por un bipartidismo que ha sido partícipe pleno del resultado actual.

    La justicia social y territorial no se obtiene mediante la negación de la desigualdad territorial, ni mediante la supresión de las políticas necesarias de discriminación positiva entre territorios desiguales. Hay que centrar el disparo en el capitalismo territorial competitivo, fortaleciendo determinadas competencias estatales, (lo que no significa llevarlas físicamente a Madrid) y señalando a los que han promovido la situación actual.

    Por otra banda, la actitud de la izquierda que representa Podemos e IU pudo ser ingenua, pero si observamos su recorrido en Cataluña podemos ver que han sido duramente castigados por huir de la lógica electoral de la polarización. Lo que han calculado mal ha sido el reprís, como el perro DoReMi, cosa que ha ocasionado que sus aparatos en determinados territorios terminaran colonizados por nuevas hornadas de nacionalistas “light” que al final imponen sensibilidades muy distintas a las que se defendieron originalmente.

    Refugiarnos en los buenismos y simplificaciones habituales no sirve de nada. Convendría ampliar los puntos de vista, y diferenciar lo que son las políticas como resultado del chantaje político y las políticas de solidaridad territorial necesaria para una auténtica igualdad en este país. Porque el “somos todos iguales” es la mayor mentira que podemos asumir, territorialmente hablando.

    CHARLI PALACIOS 21/01/2023 18:27 Responder

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