Racismo holandés

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Adolfo Martinez Rodríguez | Cada 5 de diciembre, Sinterklaas (<San Nicolás de Bari>, o el Santa Claus holandés) llega a Holanda para repartir regalos a los niños. Sale desde España: Primero de Madrid hacia Alicante –de donde es patrón- y de ahí monta en barco a Países Bajos. Si los niños se portan bien reciben regalos, si se portan mal, son devueltos a España con Sinterklaas como castigo.

Las políticas identitarias también han llegado a Países Bajos, puesto que donde mejor se sitúan es alrededor de sociedades capitalistas, y desde hace unos años, la sociedad holandesa se ha posicionado en eliminar la figura del Zwarte Piet –Pedro el negro-, el ayudante de Sinterklaas que vendría a representar la suerte y posición que corrieron las colonias holandesas, Indonesia concretamente. La eliminación de esta figura supondría una sentencia de justicia simbólica al más puro estilo del Black Lives Matter.

En pleno siglo XXI el trato a las colonias ya estaría olvidado, superado y hasta reparado. Ahora bien, ¿corren el mismo destino el extrarradio europeo – España, Italia y Grecia principalmente-? La respuesta es negativa e incluso acusadora: tenemos lo que merecemos. Cuando estalló la pandemia del COVID el gobierno holandés decidió mirar por encima del hombro a los vecinos del sur. El virus provenía de Italia, y probablemente la culpa fuera de la suciedad del país. Antes de que aumentaran los casos y llegara la pandemia al norte los vuelos a Países Bajos fueron cerrados. No se propuso un encierro como el español, sino que optaron por lo que ellos llamaron <Smart lockdown>, un encierro inteligente. Se podía salir a la calle, pero estaba todo prácticamente cerrado. Mientras todos estábamos confinados, ellos tenían un encierro inteligente. Ahora la situación se ha revertido: España ´ha controlado´ el virus y en Países Bajos siguen encerrados. Lo único que ahora la culpa viene de Sudáfrica y no se sabe quién fue el inteligente en esta situación.

En la primavera de 2020, Mark Rutte paseaba por las calles –completamente seguras- de Holanda mientras hablaba con los trabajadores urbanos sobre la situación: ¡No deis mascarillas a los países del sur! Al más groso modo, el sur de Europa, representa la antítesis del norte. El <España nos roba> se repite, pero a nivel europeo. No merecería la pena mandar recursos al sur, puesto que como mínimo, los desperdiciaríamos debido a nuestras malas y derrochadoras costumbres. España funciona bien dentro de la UE al más puro estilo colonial, ya que esta es la manera de tenerla justificadamente controlada. Este contexto propicia el escenario perfecto para que se produzca la lucha interna entre conciudadanos del mismo país y surjan, debido a una posición supuesta superior moralmente –la Europa alemanizada- los nacionalismos fragmentarios.

Las mentiras son sólo mentiras hasta que se convierten en verdades completamente asumidas, y así ha funcionado la propaganda contra España. El racismo perpetuado en las colonias holandesas en siglos pasados es perdonable –y este perdón entendible-, mientras que el evidente racismo hacia el sur de Europa, es justificable.

 

Adolfo Martinez Rodríguez


Músico y compositor madrileño residente en Rotterdam. Bioquímico de profesión, y estudiante de Filosofía por la UNED.

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