¿Qué pasa, pisssha?

Qué pasa, pisssha

Javier Miranda | Del mismo modo que existe la división internacional del trabajo, que nos ha convertido en los camareros de Europa, existe otra división más sutil y perversa, la de los “rasgos particulares” de los pueblos. A unos les toca ser los laboriosos, a otros los avaros, a unos terceros los fatalistas y a los de más allá los risueños. Claro, que todo esto es un imaginario que se ha creado a lo largo de los siglos, como atestiguan las novelas decimonónicas. Estas abundan en detalles como “llevado de su temperamento meridional”, “como todos los de su raza era esquivo”, y otras lindezas que igual han contribuido al show identitarista que nos asola en este siglo XXI.

A los gaditanos, en esta división cultural, hace tiempo nos tocó ser los graciosos oficiales de España. Llevados por el arrastre del carnaval, parece que aquí solo puede haber cuentachistes, y que si a uno de nosotros se nos pregunta por alguna cuestión profunda la respuesta ha de ser una sonrisa, un chistecito y a vivir que son dos días, que en Cádiz hay mucho arte. El que suscribe, que por su labor profesional se mueve en círculos a los que se les supone un cierto nivel, ha tenido que aguantar más de una vez oír “¿Qué eres de Cádiz? ¿Qué passsa, pisssssha?”. En los concursos de la tele, cada vez que aparece un hijo o hija de Gades, parece obligado rendir pleitesía a la gracia de la ciudad. Una cruz a los que se apunta todo el mundo.

Por ello, intuyo mucha sorpresa cuando estos días el sector del metal ha estallado en Cádiz en una huelga al viejo estilo como hace tiempo no se veía en nuestro país. Los medios nacionales la están cubriendo como las legendarias movilizaciones de la mina asturiana, y muchos están viendo a la izquierda antigua, la que está siendo aplastada desde dentro –nada nuevo bajo el sol por otra parte- resurgir en las calles gaditanas, que por una vez en vez de acoger chirigotas acogen lucha obrera. Y es el momento de recordar las grandes movilizaciones de los astilleros en la transición democrática, cuando Cádiz se convirtió en una auténtica guerrilla urbana, con hechos que aún se cuentan con el sabor de las leyendas antiguas como las lavadoras que cayeron desde las azoteas sobre los antidisturbios de la época, los mismos que camuflaban como accidentes disparos a quemarropa de botes de humo sobre cráneos. Y es que esta huelga llueve sobre mojado. Pocos días antes se anunciaba el cierre de Airbus Puerto Real para reforzar la planta de Getafe, aunque la transnacional tiene beneficios multimillonarios. Y es que se me ocurren pocos sitios como la provincia gaditana para hacer una radiografía de lo que ha sido el neoliberalismo apoyado desde la política en nuestro país. Una zona de gran concentración obrera poco a poco desmontada y con los trabajadores reducidos a camareros de gastrobares, sin más esperanza que aprender idiomas para atender a los guiris. Y con un problema de monocultivo turístico que está convirtiendo a la capital gaditana en un decorado lleno de apartamentos y la expulsión de sus vecinos y vecinas del irrepetible centro histórico de la ciudad. La política provincial y autonómica ha usado el trampantojo de la reindustrialización para tener a la gente embridada, como el mito de Las Aletas. Un presunto polígono industrial que durante años iba a acoger a lo más granado de empresas y que sigue siendo un solar. Mister Marshall no ha pasado de largo por Cádiz, es que ni siquiera ha aparecido.

Y esta huelga del metal está teniendo una derivada interesante. Como dije, es un conflicto al viejo estilo, lo que implica corte de carreteras y vías férreas, quemas de mobiliario urbano y demás. Y frente a otras movilizaciones similares, que concitaban muchas protestas ciudadanas –Tipo “Estoy de acuerdo, pero así no”-, aquí se ve una comprensión ante la protesta ejercida, como un reconocimiento que a esta tierra ya le han tomado demasiado el pelo y no se puede pedir siempre a la clase obrera que ejerza de corderito que va al matadero por las cuentas de resultados. Me gustaría creer que todo esto empieza a hacer ver a muchos y muchas dónde debe estar el verdadero corazón de la izquierda, dónde están las causas que importan y se redirija todo hacía el viejo pero necesario concepto de “izquierda de clase” frente a los trapos rojos que se exhiben hoy para desviar la atención. Al menos cuando me digan por ahí “¿Qué passsa, pissssha?” podré decir “Oiga, vengo de la tierra de la huelga del metal, un respeto”.

Javier Miranda


Javier Miranda, gaditano del 65, licenciado en Historia al que los avatares de la vida han llevado al proceloso mundo de la Gestión Cultural, concretamente en el ramo audiovisual, desde donde hace 15 años es el director artístico del Festival de Cine documental Alcances de Cádiz. Una buena atalaya para ver la evolución de la sociedad y de los mapas mentales que se están generando en los últimos años y posicionarse.

Todos los comentarios

  • Entiendo que lo de “Qué passsa, pissssha”, como el “Qué paza, iyo” a los malagueños, o el “Qué pasa, tron” a los amdrileños ha de ser vargante, pero no lo es menos tener que leer en cada texto supuestamente de “izqueirda real” lo de “vecinos y vecinas “, “a muchos y muchas” y últimamente “vecines”, “todes”, etc.

    No “atontemos” el discurso. Las formas importan, y si a un discurso tan importante y sensato se le da forma “progre”, provocará una repulsión parecida a la que provoca todo lo “progre”.

    ¡Salud y fuerza, camaradas. Los trabajadores que aún conservamos cierta conciencia de clase estamos con vosotros!

    Juanvi 24/11/2021 04:20 Responder
  • Por cierto que yo “diversificaría” la localización de las movilizaciones, como tanto le gusta hacer a nuestra clase parási… digo… empresarial, y llevaría las protestar también a sus barrios. Que sientan el aliento del obrero en su cara, que en sus barrios seguros y tranquilos se pasan las huelgas muy cómodamente en el sillón de piel degustando un coñac de 40 años. Habría que plantarse en la calle de los directivos de las empresas que nos explotan.
    cuando en mi ciudad, en una manifestación hace 5 años lo propuse, me miraron todos como si estuviera loco -también éramos 4 gatos, quizá eso influyó en el fracaso de mi propuesta, jeje-, pero es una modalidad que creo que sigue siendo “interesante”. A ver qué pasaba…

    juanvi 24/11/2021 04:27 Responder
  • La izquierda real fue cooptada por el Estado, autonomías y chiringuitos mediante. Se ha vivido muy bien agitando trapos y consignas cuando tocaba (siempre me viene a la cabeza el esperpento de Rodiezmo) y después a vivir una vida burguesa y, lo peor de todo, olvidando la formación, propia y de los más jóvenes en una conciencia de clase que, lógicamente, ya se creían 5. Ahora vienen duras. Y el monocultivo turístico volverá a sufrir con la chufleta de los cierres en hostelería. Cómo será la pérdida absoluta de conciencia de clase, que el personal cree que el capital y el estado cierra, paga ertes y demás porque están preocupados por nosotros. Y nos volveremos a quedar en casa, por solidaridad….. Con quien? Por favor, no cambiemos la impostura del chiste y el carnaval por la de la huelga del metal. Lo de estos días es una performance comparado con el Cádiz de los 80.

    Por cierto, muy de acuerdo con el comentario precedente. El lenguaje inclusivo y demás zarandajas inoculadas como retardante hacen un flaco favor a la lucha de verdad.

    MGafotas 26/11/2021 22:26 Responder

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