Problema o cuestión nacional

Problema o cuestión nacional

Iván Álvarez | El 14 de febrero de 2022 el filósofo José Luis Pozo Fajarnés expuso sobre los orígenes de la llamada «cuestión nacional» en la Fundación Gustavo Bueno. En el coloquio que sigue a todas las conferencias Tomás García López expuso someramente la diferencia entre los «problemas» y las «cuestiones», y ello ha precipitado el presente escrito. Escrito que, vaya por delante, me disculpo por lo corto y poco saciante que será para los interesados.

Dicho de una manera muy resumida y ramplona: los «problemas», como en las matemáticas, tienen una resolución definida; es en las «cuestiones» donde cabe la controversia y el debate. La cuestión nacional implica unas disputas políticas muy importantes, sean estas entre Estados o clases sociales. Es por ello que, en el debate, en la cuestión, deben tenerse en cuenta numerosas variables y los diferentes escenarios posibles ante unos planes y programas concretos.

Sin embargo, el grueso de los comunistas, en un afán antidialéctico y sectario, hacen de la cuestión nacional un problema: ¿Cuánto es 2+2? 4. Ante un conflicto nacional, sean cuales sean las condiciones, ¿qué debe defenderse? El derecho de autodeterminación. No es difícil encontrar programas políticos o publicaciones teóricas donde se afirma, de una u otra manera, que el derecho de autodeterminación es LA solución marxista o comunista revolucionaria a la cuestión nacional. El comunista medio, tan presto al ejercicio doxográfico y al parafraseo de los santos revolucionarios, olvida a menudo precisamente aquella cita de Lenin que dice:

No fijarse en el cambio que desde entonces han experimentado las condiciones y defender las viejas soluciones del marxismo equivale a permanecer fieles a la letra de la doctrina, pero no a su espíritu, significa repetir de memoria las antiguas conclusiones sin saber aprovechar los métodos de investigación marxista para analizar la nueva situación política. (Lenin, El problema nacional en nuestro programa)

Este defecto se arrastra no solo en la cuestión nacional, sino en muchas otras disputas políticas en la organización de los comunistas. Por supuesto, la cuestión en numerosas ocasiones se aborda ya de inicio de una manera ingenua o absurda: definiciones positivistas de nación, como la de Stalin; reduccionismos a formalismos democráticos, como aquel que sentencia que los «pueblos», ya de por sí término ambiguo este, tienen derechos; infantilismo o demagogia, recuérdese a Lenin diciendo aquello de «no importa por dónde pasa la frontera, sino la unidad del proletariado», como si la frontera fuera una cuestión menor, y precisamente en cuestiones como la organización política; y también dicotomías absurdas como las de nación grande/pequeña u oprimida/opresora, como si el derecho de autodeterminación u otras reclamaciones «democráticas» de una «nación pequeña y oprimida» no pudieran ser funcionales a una tercera nación «grande y opresora» —como así ha sido en numerosas ocasiones—.

Mi postura sobre la pertinencia del derecho de autodeterminación aplicado en la política española puede ser errónea, no se tratará aquí, pero desde luego no se basa en falacias de autoridad leninianas ni en un fundamentalismo democrático que idealiza los deseos de (una parte) de las masas. Se basa en aquel ejercicio tan sano y dialéctico que más o menos acertadamente siempre realizaron los padres y desarrolladores del comunismo revolucionario: contextualizar las disputas nacionales como una parte de la cuestión general de la lucha de clases, y adoptar una postura atendiendo a las necesidades geoestratégicas de la revolución social. Sobra decir que la clase trabajadora y el movimiento comunista está tan desarmado en esta parte del mundo que la cuestión, no el problema, nos desborda; pero es eso, una cuestión, y no tiene una solución definida ni una receta ni un manual de instrucciones. No es este texto más que un alegato a favor de quemar los recetarios y abandonar las disputas filológicas.

 

Iván Álvarez


Nació en Asturias en 1994. Es historiador y tiene formación en análisis sociocultural. Escribe una columna satírica para la revista digital El Cuaderno, aunque también ha publicado en La Trivial.

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