Política sexy

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Marc Luque | Entre vítores, aplausos y otras estridencias accedían las otras al Teatro Olympia de Valencia. La intelectualidad femenina subyacente bajo la partitocracia, liderada tradicionalmente por los otros (Errejón e Iglesias), había decidido tomar partido (ahora, ahora sí, al grito de sujétame el cubata, y tras acumular entre las ponentes más de 50 años en las instituciones) en la construcción de un marco social que decantara la balanza en favor de quienes menos tienen. Y es que los partidos, queridos amigos, ya no se llevan, así nos lo hicieron saber las allí presentes: Mónica Oltra, Ada Colau, Mónica García, Fátima Hamed y, la más vitoreada, Yolanda Díaz.

Al compás de la periodista Carolina Ferre, fueron dilucidando las incógnitas que, a quienes amamos la política y, confieso, la liturgia de sus eventos, nos mantuvieron en vilo desde el anuncio de la ponencia. Destacaban las ausencias de Ione Belarra, Teresa Rodríguez y nuestra Ministra de Igualdad Irene Montero, sin embargo, la anfitriona (Mónica Oltra) rápidamente sentenció: “Somos todas las que estamos, no todas las que son”. Ergo, son más de las que están o no todas las que están forman parte de aquello que son.

En cualquier caso, mensajes encriptados aparte, del contenido de las otras en Valencia poco se puede resaltar, si más no es idéntico al de los otros (manteniendo incluso, si escuchan con ojos cerrados, cierto espíritu retórico quijotesco/ rajoysiano), pero con la intromisión en la elucubración de los mismos de la cursilería, elevada a su cota máxima en éste seminario ecofeminista impartido por nuestras lideresas. ¿Su modelo? La política sexy; ¿su formula? El amor; ¿su máximo? La diversidad y la tolerancia. Un proyecto que podría suscribir Isabel Díaz Ayuso, (a quien no invitan pero compran principios normativos), Margaret Thatcher o la progresista, propietaria del Banco Santander, Ana María Botín.

¿Y la nueva izquierda era esto? La indefinición más absoluta, el comunismo pluscuamperfecto, el destierro del socialismo de la gobernanza de la Res-pública amparada por un modelo territorial profundamente descentralizado que abre camino a las intromisiones del capital en detrimento de la igualdad, la defensa del hiyab como instrumento revolucionario, emancipador y garante de la diversidad y el feminismo, o el fin de toda organización política y sindical en favor de fagocitar el concepto neoliberal de soberanía individual. ¿Qué será lo próximo, exportar las políticas económicas austeras de Merkel? ¿Enarbolar la bandera de los demócratas estadounidenses, cuyo programa es idéntico al de los populares españoles, como lo más? ¿Identificar a la ultraderecha nacionalista identitaria como progresista?

Pues este que les escribe, queridos conciudadanos, se queda con la vieja. No con la que encarnan otros partidos consagrados en el sistema, sino con aquella que entendía que su sujeto eran los trabajadores, su formula la interferencia y su máximo la igualdad; que lo personal es político y no todo lo político debe ser personal, y que lejos del adanismo y el fin de la organización, el futuro está en la abolición, sin comillas, de la reforma laboral.

El alcance del socialismo no será posible en el contexto actual, sin embargo, abocar sus principios a la irrelevancia más absoluta, por mucho que sea en nombre del amor mundial, no es más que – en palabras de las otras, defensoras de la intromisión de la religión y el hiyab –  un pecado capital.

 

Marc Luque

https://www.eljacobino.es/

Analista político en El Jacobino y Director del programa En 30 Minutos. Estudiante de Humanidades en la Universidad de Cádiz y colaborador en diferentes medios de comunicación de ámbito nacional. Socialista, en El Jacobino. Nada más y nada menos.

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