PAW Patrol (patrulla canina), la caída de Kabul y el secuestro de la dialéctica.

caida de Kabul

Duzán Avila | Tal y como va siendo costumbre en los últimos meses, intentar siquiera resumir una semana en la mediosfera resulta tarea harto difícil. Son tantos los hechos que se agolpan cada viernes, que discriminar entre todos resulta un verdadero quebradero de cabezas. A veces, ante la avalancha de informaciones, opiniones y análisis (estos menos) termina uno por sentirse impotente al no dar abasto ante tanta realidad. Aun así, dado que vivimos en tiempos donde lo nimio se vuelve noticia y la noticia se tergiversa y vulgariza al punto de convertirse en nimiedad, es más urgente que nunca que al menos se intente decir o dejar testimonio. No son suficientes los cabos salvadores que hay ahora mismo lanzados a esa mar de almas en pena en que se ha convertido el Occidente, antes cristiano y racional.

El pasado viernes 27 de agosto amanecía con varias tendencias en la opinosfera digital. La primera que me llamó la atención, después de leer algo acerca de un atentado terrorista en Kabul que dejó decenas de muertos y cientos de heridos[1], fue la viralidad de unos twits de una política española. En estos, la funcionaria hacía referencia al enraizamiento del Patriarcado en nuestras sociedades y a los mecanismos de difusión de semejante ideología, ya desde la más tierna infancia. Esta señora, pagada con los impuestos de todos los españoles (muchos de ellos hoy en el paro) apuntaba que en productos “inocentes” de consumo infantil se empaquetan la misoginia, el machismo, la sexualización femenina y otras conductas opresoras. Según su teoría, muchos de estos productos serían la correa de transmisión de la ideología patriarcal que viene haciendo de las mujeres poco más que “meros accesorios” de los machos.

El ejemplo concreto, resumido magistralmente en su twit, estaba referido a la serie animada canadiense Patrulla Canina (PAW Patrol), donde el personaje Skye no es la líder del equipo, aun cuando ella “siempre salva a todo el mundo”[2]. Según un experto en el tema (mi sobrino de 6 años) consultado por este cronista, Skye es al parecer una perrita piloto de un helicóptero de salvamento. Sobre esta tesis de la lideresa política hispana, se tejían en la mañana del 27 las más rocambolescas teorías a favor y en contra del rol de Skye y su importancia para la sociedad contemporánea global. Sobre las múltiples teorías particulares no ahondaremos aquí pues no interesan. De verdad no interesan, parece de Perogrullo, pero hay que decirlo, no interesan. Aun cuando las vi a vuelo de pájaro, pues hay que hacerlo, no queda de otra, mi interés informativo se centraba en las víctimas del atentado en Kabul, las declaraciones al respecto, las informaciones que se iban conociendo.

Sin embargo, este twit sobre la paridad de género en el comando de los cachorros, aunque parezca traído por los pelos, guarda relación con los hechos en pleno desarrollo relacionados con lo que ocurre en Afganistán. De la misma manera, encaja perfectamente con la tesis central que voy a defender. El análisis sobre el tema de los roles femeninos, así como de todo lo que tiene que ver con las mujeres y suposición en la sociedad, ya venía teniendo un protagonismo muy destacado en la expertocracia digital en los últimos días.  Es aquí donde el citado twit se insertó, y por lo cual tuvo relevancia. Este, no respondía a una ocurrencia aleatoria de su autora, sino que se movía por el empuje de las tendencias en las redes digitales de la última semana. Tras la “caída de Kabul” en manos de los Talibs buena parte de las coordenadas de análisis de la crisis humanitaria en ciernes se venía concentrando entorno al “futuro incierto de las mujeres en Afganistán”[3]. En este sentido, los así denominados “grandes medios de información”, a veces tenidos por “serios”, no escatimaron en derramar ríos de tinta y mares de lágrimas en defensa del futuro de las afganas, libres al parecer de elegir su destino tras la llegada de la democracia en 2001[4], y ahora dejadas a su suerte con la vuelta de los retrógrados vencedores.

En estos estrechos márgenes plañideros quedaba entonces enmarcado el discurso y el análisis. A partir de ahora, esas tendrían que ser las coordenadas para seguir por quienes se interesasen en el tema, así como por el coro de gansos de los opinadores mediáticos. En pocas palabras, si se iba hablar o analizar la complejísima situación afgana, el punto “humanitario” de partida tendría que ser, sí o sí, el futuro de las mujeres. Fuera de esto no hay más realidad posible y esta “verdad” no debía ser únicamente abordada por las tertulias mediáticas, sino que tendría que ser el enfoque de preferencia en los ambientes sociales, familiares y hasta escolares. Por experiencia personal doy fe que así ha sido, pues al asomarme a un grupo de chat que tengo con algunos amigos de la universidad, todos inteligentes y cultos, he visto que por aquí iban los tiros cuando se hablaba de lo afgano.

De esta manera se construyó la primera línea defensiva de la “Mota” de turno. Y esta es la tesis que quiero defender. Como es sabido, la mota es un tipo de fortificación medieval, que consta de un castillo interior, rodeado por una vaya o muralla de seguridad exterior. Si utilizamos la imagen como símil de las estrategias ideológicas hegemónicas, podremos comprender los mecanismos en los que opera la manipulación de la opinión pública en la actualidad. En el caso que nos ocupa, la primera línea de defensa es la lectura feminista de la suerte terrible de las hembras humanas, como explicación reductiva a la que hay que someter todo acercamiento a problema social o político alguno, incluido el conflicto afgano. El núcleo fuerte, el castillo de la mota, sería la crisis humanitaria que allí acontece, o más específicamente la situación de las mujeres y las niñas. Como viene siendo costumbre, se secuestra el debate y todo el que quiera ahondar en el centro del complejo problema, tiene que atravesar primero la línea ideológica establecida como verdad absoluta (la lectura feminista en este caso) trazada como perímetro de este. Quien esté de acuerdo con los ideólogos allí apostados, podrá opinar sin mayores contratiempos sobre el problema de fondo. Pero si no se comparte el mantra de los almuecines de turno, será calificado de apóstata, de misógino y posiblemente de fascista, trumpista, antivacunas y sabrá la Pachamama de qué más. Si, para más inri, alguno de estos negacionistas del culto woke osara revelarse y responder “violentamente” atacando las ideas y argumentos (que no a la persona de sus ‘sacerdotices’) la soldadesca de las murallas ideológicas siempre podrá replegarse al castillo central y desde allí, parapetado moralmente tras la crisis humanitaria realmente existente, atacar a cualquiera que no comparta lo que se decía en las líneas exteriores. En pocas palabras, se monopoliza un problema o una situación social, y se confunde este con sus posibilidades de análisis. En los términos metafóricos que empleamos, si se ataca la “defensa”, se presupone y se denuncia como un ataque al castillo (el problema interior) que estas “protegen”.

La pregunta que cabría hacernos llegados a este punto es esta. ¿Qué beneficios obtienen estos centinelas o qué motivos habría para defender con tanto celo unos problemas, que bien podrían ser “reconocidos” como problemáticas genuinas desde coordenadas analíticas diferentes? La respuesta, no está únicamente en las gratificaciones “éticas” o “psicológicas” subjetivas, que podrían existir cuando se cree que se “defiende” una causa justa. Por mucho que se esfuercen algunos hacer creer lo contrario, el ser social no está dado por aquello con lo que el sujeto individual decide identificarse. El ser estaría más cercano al campo de hacer, a lo que materialmente nos abocamos a trasformar, y esto ya involucra a otros factores que trascienden los marcos de nuestra mera voluntad.  Es así como, más que señalar los credos o las declaraciones de intención, habrá que observar aquello que objetivamente existe alrededor de ideas fuerza como la “igualdad entre los sexos”. Específicamente, nos referimos a todo un mercado que se retroalimenta de los recursos políticos y, sobre todo económicos, que giran entorno a estos centros neurálgicos de la opinión. Sobre esta lógica se basa la industria en alza del timbiriche o chiringuito humanitario, más ligado al canto de sirena y la palabrería online que al cambio objetivo de las vidas de aquellos que pretendidamente defienden. En estas modernas PIMES de la salvación encontraremos ONGs, periodistas “independientes”, auto titulados líderes y lideresas sociales, influencers, youtubers, artistas, deportistas y un larguísimo etcétera de otros actores que, como decimos en Cuba, “le han cogido la vuelta a vivir del cuento”, humanitario en este caso.

Muchas son las características que definen a estos neo santones del bien común, pero una resalta por encima del resto y es su disposición a vender prédica y palabra al mejor postor. Por esto de las ventajas de la globalización, muchas veces estas transacciones no son ni siquiera personalizadas. Hoy no hay que tener un agente británico, ruso o norteamericano, pagando en cash a las castas de la “intelligentsia” de cada país, como se hacía en los siglos XIX y XX. La propia dinámica de las redes permite que sean las industrias digitales, YouTube, Instagram, Twitter, Facebook; quienes se encarguen de filtrar los recursos del capital trasnacional interesado, hasta las terminales mediáticas de la progresía blanda y licuosa de cada estado nación. Desde allí se dirige, no ya la opinión en un sentido específico; sino el debate total en algunas (y no otras) direcciones pertinentes. En una palabra, se establecen las tesis y las antítesis, la verdad y su mentira correspondiente, la argumentación y su respuesta.

Y es aquí donde esta el verdadero esquema del engaño. Cuando se percibe que un cierto discurso dominante se intenta imponer a toda costa, se suele pensar que se trata de hacer únicas, determinadas “verdades” que se quiere que acatemos a como dé lugar. Ante esta imposición, la respuesta automática es la reacción, la búsqueda del argumento o los argumentos contrarios. Curiosamente, casi siempre junto a estas, los medios plantean ataques frontales a determinados “discursos” contrarios a las tesis tenidas por “buenas” y “aceptadas”. Es aquí donde se inician las pugnas que concentrarán la opinión pública en dos espectros dados. Sin embargo, la mayoría de las veces, la cuestión es mucho más compleja y admite, o al menos así debería ser, más de dos puntos de vista. Si hacemos caso al proverbio latino contraria sunt circa eadem[5], no es seguro que con la “oposición” no estemos igualándonos con el antagonista. Esta verdad es harto conocida y utilizada por las agencias hegemónicas y aquí radica el truco de la manipulación ideológica. En este sentido ya no se trataría de secuestrar la verdad, sino de imponer la dialéctica. Es aquí donde se da el verdadero triunfo de las agendas de turno.

Cuando se piense y se analicen los trending topcis o temas de moda en las redes de las des/información, hay que ir con cautela para no caer en las dicotomías preelaboradas a lo FOX vs CNN, Samsung vs iPhone o Coca Cola vs Pepsi. Entender esta metodología pasa, por supuesto, por ver las propuestas en juego, pero sin ceder a la tentación de entrar a tomar parte de inmediato en alguna de las bandas que proponen los ciclos de confrontación en curso. Esto no significa tampoco que haya que permanecer neutrales, al contrario, siempre hay que tomar partido. Pero esta toma de posición crítica no pasa por seguirle el juego maniqueo a las terminales mediáticas y sus perros salchichas de la opinión.  Si se presta atención con pensamiento y mirada analítica casi siempre resultará que la “realidad” está en otra dirección, que aquella a la que gentilmente se nos invita a atender. Pareciera como si del dicho popular se tratase, y para esconder una verdad punzante, no hubiese mejor vía que lanzarle un pajar de mentiras, opiniones contrarias y medias verdades encima.

Este es el esquema que con prístina realidad hemos observado en estos días en el escenario internacional y mediático. Si en alguna parte de la clase política española, con las consabidas repercusiones que ello tiene en Hispanoamérica, se debate ardientemente sobre el feminismo es porque se ha decidido reducir el asunto de la guerra en Afganistán a esta lectura y no a otra. De aquí que el problema sea el “futuro” de las mujeres, y no el pasado de todo un pueblo. Con esta dialéctica Talibanes vs mujeres, se intenta desviar la atención a los 20 años de ocupación fracasada, políticamente al menos, y lo que ello ha significado en términos de pérdida de vidas humanas, pobreza, destrucción y muerte. Todo ello ocurrido tras sendas décadas de gobiernos fallidos y de más de dos trillones de dólares americanos que no se sabe (¿o sí?) muy bien a los bolsillos de quiénes han ido a parar.

En este sentido se viene intentando que miremos al futuro oscuro de aquellas que quedarán bajo el imperio del nuevo Califato Islámico. La idea de fondo es que se obvien, desde la angélica luz de la democracia y la “Libertad”, las promesas jamás cumplidas de los EE. UU. al pueblo afgano. Que se ignore el hecho de que las grandes mayorías de las mujeres afganas, esas que según el New York Times y otros medios ya no podrán practicar futbol, tocar guitarra, o “jugar básquet”[6] pues los talibanes se lo prohibirán[7]; no han hecho más que padecer los peores horrores imaginables en los últimos años, y no precisamente por culpa de los Talibs, que todavía no han siquiera formado gobierno.

Gestos humanitarios de países como México[8] (muy loable por otra parte), que ha dado asilo a un equipo de ingenieras en robótica, o España que acogió a cientos de refugiadas en un intento de ofrecer a las mujeres la oportunidad de “seguir siendo libres y viviendo en democracia”[9]; esconden una muy distinta y dura realidad. El hecho objetivo es que el número de “mujeres” que en la práctica real alcanzó el sueño liberal bajo la ocupación made in USA, fue ínfimo, irrisorio, irrepresentable. A pesar de los miles de afganos en fuga que hoy vemos en las imágenes que Washington y la UE exportan al mundo; lo cierto es que, en un país de más de 40 millones de personas, el espíritu democrático que ahora la Casa Blanca niega haber querido construir en Afganistán, no trascendió más allá de algunos miles de personas cercanas a los ocupantes en algunas contadas urbes citadinas, en un país abrumadoramente rural. En el contexto real donde la supuesta ocupación nunca alcanzó ni el 50% del país, con más de 250 mil víctimas mortales[10], millones de desplazados, una infraestructura básica prácticamente inexistente, donde las instituciones estatales no servían más que para disfrazar estafas y robos millonarios[11], y donde junto al opio, la heroína y la mariguana, se traficaba además con prótesis ortopédicas pues las minas sin explotar de las guerras las hacían un producto muy demandado; la mayoría de las afganas jamás vieron el tan mentado cambio real en su condición.

Por mucho que los medios “serios” occidentales digan otra cosa, la afgana promedio no ha jugado nunca básquet, no ha ido a la universidad o a la escuela, ni ha tocado guitarras o se ha “descubierto a sí misma”. Esta es la realidad material de lo que ha sido Afganistán en los últimos 20 años compañeres. Es el ser que, les guste o no, han vivido quienes habitan ese triste país en las últimas décadas; y no el deber ser truncado que hoy nos venden los medios, como si las mujeres afganas perdieran un futuro, que la ocupación jamás les construyó como presente. No amigues, las mujeres afganas nada pierden porque nada han ganado durante estos años aunque las historias superadoras, de felicidad y liberación personal durante la ocupación digan lo contrario.

El destino de Afganistán podría ser ciertamente negro, pero en muchos sentidos no será peor que su pasado reciente, ese dónde la “democracia” occidental campeaba por su ausencia. Lo que se quiere ocultar a como dé lugar es que los “bárbaros” Talibanes han llegado al poder y han tomado el país sin resistencia, porque contaban en igual medida con la ineptitud del gobierno impuesto por los ocupantes y con el apoyo de una buena parte del pueblo afgano. Esto incluye, como no, también a muchísimas mujeres. Para estas, su condición como féminas (o lo que hoy se entiende por ello en occidente) no ha cambiado en lo absoluto en las últimas décadas. Sin embargo, algo distinto habría que decir de su vida como afganas, pues esta sí que cambió, y mucho, con la ocupación. No solo por cuanto la mayoría del país estuvo permanentemente sumido en el caos, la muerte, la inseguridad y la pobreza más abyecta. Sino porque aumentaron las posibilidades de que un marine decidiera dispararte impunemente[12] o de ver a tus hijos, hermanos, esposos y familiares; perecer en alguno de los muchos fuegos cruzados entre las facciones en conflicto. A lo que hay que sumar el peligro real de no regresar a tu casa entera, porque una mina antipersonal te voló en mil pedazos o te arrancó de cuajo una pierna, por caminar decenas de kilómetros para conseguir agua. ¿Se imaginan? ¡Sin esa pierna ¿cómo van a jugar al básquet?!

En Occidente pareciera que hemos perdido todo sentido de la realidad, pero que no seamos capaces de verla tal cual, no quiere decir que esta vaya a desaparecer. Los hechos son caprichosos y persistentes, decía el “camarada Lenin”. Afganistán, o más bien todo lo que allí ha pasado, pasa y pasará; es hoy un espejo tremendo de nuestras miserias morales y de nuestra decadencia más absoluta. Tendremos que esperar años para que podamos comprender con claridad todo lo que hoy estamos ignorando por usar mecanismos dialécticos impuestos por agendas interesadas, que deciden qué y cómo pensar y cuando y de qué manera asentir o disentir de cuanto nos rodea. El caos y la destrucción que hoy se cierne sobre esa parte de Asia central, donde tantas veces la ideología se ha roto los dientes contra la roca dura de la cultura, no son más que el resultado de lo que se ha sembrado en las últimas décadas, que hoy se mal cosecha en los predios de Kabul. Una batalla no menos cruenta podríamos ver librarse en nuestras propias sociedades, si seguimos intentando ignorar la materialidad de la historia de las naciones, por imponer unas nebulosas ideológicas que terminarán por fracasar, como se ha fracasado en Afganistán. La vida social, la historia y las culturas llevan ritmos propios. Ante estas, no hay aprendiz de brujo, becario de universidad anglosajona, ni plataforma mediática transnacional alguna que pueda imponerse. Quien lo dude, que encienda la TV, ponga las noticias, mire las imágenes e ignore las lecturas. Más de una sorpresa desagradable le espera.

 

Duzán Avila

 

[1] https://es.euronews.com/2021/08/26/afganistan-conflicto

[2] https://okdiario.com/andalucia/teresa-rodriguez-indignada-porque-patrulla-canina-solo-hay-perra-7702465

[3] https://www.nytimes.com/es/2021/08/20/espanol/el-futuro-de-las-mujeres-en-afganistan.html

[4] https://www.latimes.com/world/la-xpm-2012-apr-08-la-fg-hillary-clinton-afghanistan-20120409-story.html

[5] Los contrarios en el círculo se igualan.

[6] https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20210823-refugiada-en-espa%C3%B1a-deportista-paral%C3%ADmpica-pide-al-mundo-no-olvidar-afganist%C3%A1n

[7] https://www.nytimes.com/es/2021/08/20/espanol/el-futuro-de-las-mujeres-en-afganistan.html

[8] https://almomento.mx/mexico-recibe-a-refugiadas-afganas/

[9] https://www.rtve.es/noticias/20210825/espana-recibe-435-afganos-menos-venticuatro-horas-supera-mil-refugiados/2164821.shtml

[10] https://news.un.org/es/story/2020/02/1469971

[11] https://www.washingtonpost.com/graphics/2019/investigations/afghanistan-papers/documents-database/

[12] https://www.abc.net.au/news/2021-08-25/afghan-war-crimes-report-released-what-you-need-to-know/100346002

http://www.elpapel.es

ElPapel.es tiene como objetivo difundir las ideas de una izquierda racionalista, centralista y definida en España. Es un espacio de reflexión abierto y plural para todos aquellos que se encuentren en dichas coordenadas ideológicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *