De buenos patrones

De buenos patrones

Javier Miranda | Ya sabemos que el mundo del cine español está enfilado por la derecha, desde la famosa gala del “no a la guerra” (la de Irak de 2003, el conflicto ruso-ucraniano actual estuvo ausente en la reciente entrega de premios). En el imaginario popular se ha creado la idea de que nuestro cine es una mancha de rojos. ¿Pero es así?

Ya sabrán a estas alturas que la gran triunfadora de los Goya fue El buen patrón, de Fernando León de Aranoa. Se ve como una segunda vuelta de la legendaria Los lunes al sol, veinte años después.  Si en esta Bardem encarnaba implacablemente a un obrero víctima de las reconversiones de los 90, aquí cambia de bando para dar vida a un casposo empresario provinciano, heredero de estas firmas que echan de menos en el fondo tiempos más proteccionistas. Pero en la cuestión laboral, ha asimilado bien las lecciones del neoliberalismo y juega con sus obreros, además de estilemas clásicos como el acoso sexual a las becarias, aunque acaba probando su propia medicina: la chica de la que se encapricha, es hija de un conocido –la meritocracia del enchufe- y forma parte de una generación a la que años de neoliberalismo y de realities en la tele ha formado en la antiética de que solo puede quedar uno a cualquier precio.

Es una muy buena película, pero la noche de su triunfo en los Goya dejó sombras curiosas. Es sabido que todos los premiados aprovechan su minuto –aunque este año fueron horas- de agradecimiento para reivindicar las causas que defienden sus películas. Los de Mediterráneo, la frontera de este mar, Verónica Echegui los abusos sexuales en su cortometraje, los de la película de animación de Valentina, cuyos discursos acabaron siendo un ciclo de conferencias, la visibilización de la discapacidad, etc. Los de El buen patrón lo tenían a huevo, pero no. Solo León de Aranoa, en la primera de sus tres subidas, hizo referencia a las reformas laborales del PP (pareció durante un momento que iba a acabar defendiendo los retoques de Yolanda Díaz, presente en la ceremonia) pero nada más. No aprovecharon para defender la clase obrera española, como si se arrinconase a los entrañables parados de Los lunes al sol. Nada de las luchas del metal en Cádiz, de las Kellys, o de otras causas proletarias.

El remate llegó cuando la película obtuvo el Goya a Mejor Película y subió su productor, Jaume Roures, que ha resultado ser otro buen patrón. A los afectados por el salvaje ERE que perpetró en el diario Público hace diez años le faltó tiempo para contar su historia en las omnipresentes redes. Roures es uno de estos sujetos que habría que estudiar como ejemplo de estos tiempos líquidos. Autodenominado trotskista, relacionado con los círculos indepens de Cataluña (cedió la infraestructura de su empresa Mediapro a la Generalitat para el simulacro del 1 de octubre), ejerce de izquierdista en Madrid y de nacionalista en Cataluña. Aquí recomiendo leer el libro de Cristian Segura Gente de orden, para entender la bipolaridad en que han caído las élites catalanas. Por supuesto, Roures no hizo ningún discurso pro clase obrera. Pero miren por dónde, si le soltó un recadito a Pedro Sánchez, también presente en la gala con lo del 25% de castellano. Con lo que al final la izquierda identitaria, una vez más, derrotó a la de clase. Se vieron demasiado las costuras.

Por mi trabajo veo mucho cine español, y llevo tiempo dudando de que el industrial sea de verdad de izquierdas. Su financiación está controlada por las televisiones y por empresas como la de Roures, y así es difícil que se filtre un pensamiento crítico de verdad. Otra cosa es el más independiente, donde la ausencia de grandes magnates permite una variedad de temáticas y visiones verdaderamente enriquecedora. Esto daría para otro artículo, pero diré ahora que muchas películas industriales hacen turismo social, con “grandes causas” que en el fondo son oportunismo ciñéndose al viento que sopla en cada momento. Lástima que su control mediático, de los medios de producción y de la distribución, impida que el cine más independiente y más combativo que se hace en España no llegue a los espectadores. Algunas de estas películas defienden la izquierda de clase y las causas obreras, pero ahí están. Esperando que este valor más obrerista se revalorice y que en los Goya sea más reivindicable la lucha del metal gaditano que el dichoso 25% de castellano en Cataluña

 

Javier Miranda


Javier Miranda, gaditano del 65, licenciado en Historia al que los avatares de la vida han llevado al proceloso mundo de la Gestión Cultural, concretamente en el ramo audiovisual, desde donde hace 15 años es el director artístico del Festival de Cine documental Alcances de Cádiz. Una buena atalaya para ver la evolución de la sociedad y de los mapas mentales que se están generando en los últimos años y posicionarse.

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