Bienvenido, D. Juan Carlos

emérito

Adrián García Peña | Lejos de ser una afrenta al pueblo español, la llegada de D. Juan Carlos tras su estancia en Emiratos Árabes Unidos es una buena noticia. La pena es que su regreso no sea definitivo y que no lo incluyan de nuevo en la agenda institucional de la Casa Real.

No se debe esto a un entusiasmo monárquico sobrevenido. La marcha de nuestro emérito y su alejamiento de las cámaras y de la vida pública representó para muchos un importante castigo social. ¡Destierro para el rey! ¡Que cargue con su vergüenza! Y mientras tanto, la verdadera vergüenza, los mecanismos legales y constitucionales que han permitido que la justicia no sea igual para todos, siguen en pie y sin signos de inestabilidad. Qué inoportuna marcha, la cual ha actuado como calmante en parte de la opinión pública. Qué ocasión perdida para llevar a cabo reformas tan necesarias y para hacer sudar a los partidos que las obstaculizan. La avanzada edad del monarca facilita que estos prefieran no mancharse las manos, esperar sentados mientras la naturaleza sigue su curso. Defensa de privilegios, electoralismo, cobardía… No importa tanto el motivo como la consecuencia.

La podredumbre política continúa extendida. Es preciso exponerla bajo la luz pública para que su hedor sea realmente molesto y fuerce a erradicarla. Por ello debemos, sin reservas, alegrarnos de la llegada del rey. Déjese ver, Majestad. Por España, todo por España.

 

Adrián García Peña

 

 


Cursando el Grado en Ciencias Políticas y de la Administración en la Universidad de Granada, estudios que compatibiliza con los de Geografía e Historia en la UNED.

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