Atlantismo para celebrities de la política

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Saúl Martín González | El diario “El Mundo” publicaba el pasado 24 de junio una jugosa entrevista realizada por Servimedia (como buenos historiadores, citamos siempre la fuente) nada menos que con Rita Maestre, concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento capitalino y uno de los rostros más populares de su partido. Entre otras muchas lindezas, pudimos leer (o visualizar, ya que en esta época los vídeos corretean sin cortapisa por las redes sociales) el arrobo y satisfacción de esta musa de la postmodernidad ante la inminente cumbre de la O.T.A.N. en el Ifema. Un enorme prestigio para Madrid, aseveraba Maestre, al ser elegida como escenario de la Alianza en un momento geopolítico tan crucial como el que estamos viviendo. Para cerrar el círculo, el artículo se cerraba de manera magnífica con una fotografía de la entrevistada, de archivo, pero certeramente afortunadísima, posando inspirada ante los paparazzi frente un photocall en alguna presentación de eventos pasados. La tarde anterior a la publicación de esta entrevista, por cierto, la U.E. había admitido oficialmente a Ucrania como país candidato a la adhesión y su presidente, el mediático Bolodimir Zelenski, pregonaba eufórico que su país ya no sería nunca más “una frontera entre orcos y elfos” (sic).

Toda la escena anterior supone una radiografía fidedigna de la situación política, tanto a nivel internacional como en la pequeña parcelita donde vivimos los españoles (a los que se nos suele olvidar que hay más Planeta allende nuestras fronteras) con todos nuestros tics, neuras y complejos, también en lo político. Comenzando por el premier ucraniano, pareciera que a este actor devenido en presidente se hubiese quedado encasquillado (o encasillado, precisamente) en su antigua profesión. Y no solamente por su pueril empleo de imágenes cinematográficas (los más cultos en la sala señalarán que, también, literarias, de un racista sudafricano blanco como era J.R.R. Tolkien) como herramienta de interpretación de la geopolítica internacional. Más aún, por su paralelismo con su alter ego norteamericano (ambos actores, ambos presidentes) y martillo de los intereses rusos en Europa oriental, Ronald Reagan. Los más viejos del lugar recordarán cómo el gringo, en otro alarde de profundidad interpretativa, despachaba a la U.R.S.S. con una caricaturesca y somera definición como “el Imperio del Mal” (que en la siguiente década daría título al álbum “Evil Empire”, de la banda Rage Against The Machine, pero ésta es otra cuestión). Elfos contra orcos; reconozco que resulta emocionante para al adolescente friki y rolero que fui tres décadas atrás. De nuevo indios y vaqueros, de nuevo piratas contra malvados conquistadores españoles, de nuevo americanos contra rusos, de nuevo blanco y negro, de nuevo pensamiento maniqueo fácil de digerir por una plebe frumentaria (lean mi artículo ad hoc en este mismo periódico) saciada hasta la obesidad tras su quinto menú XXL de la semana en la franquicia del payaso o del pollo frito, y entretenida por su décima serie de moda en la plataforma audiovisual. Así se construyen los imperios y las hegemonías, amigos.

Ah, pero todos a las trincheras porque en el “Estado español” estamos salvados. Ojo que aquí llega la (pseudo)izquierda española a solucionar la papeleta. Una izquierda española cuyo principal partido pasó del “O.T.A.N. de entrada no” en la Transición al “Sí a la O.T.A.N.” (el análisis de este proceso, también muy bonito, lo dejamos para mejor ocasión) en el referéndum de 1986. Una izquierda (a la izquierda de esa izquierda) que construyó I.U. en torno al P.C.E. precisamente a consecuencia de las movilizaciones a propósito de dicho plebiscito. Y así llegamos hasta esta generación de dirigentes, la mía, por cierto, que es la de la nueva política que se autocoronó, cual Napoleón, como enterradora de “lo viejo” y “la casta”.

Cuántas veces hemos oído que ellos no estaban aquí para vivir de la política, que eran “los de abajo frente a los de arriba” y todo el rosario de lugares comunes y naderías que toda la retahíla de organizaciones (me gustaba más la política cuando había partidos en lugar de “marcas” comerciales, toda una declaración de intenciones ab initio) postmodernas nos tienen acostumbrados. En ese contexto, Rita Maestre me parece uno de los especímenes (por no decir clones, como aquellos de Ripley en “Alien Resurrección”, ¿ven lo que les decía antes sobre el frikismo?) mejor acabados. Nuestra musa viene de la inagotable cantera posmo que supone la Universidad Complutense (créanme: se lo dice uno que pasó dos décadas de su vida allí), donde logró su hito revolucionario más osado: el asalto a la capilla de su facultad, por el que sufriría un mediático juicio años después. Su otro logro por el que las masas la conocen consiste en ser la ex-pareja del jefe de su partido, Íñigo Errejón, al tiempo que despliega la más recta y beligerante ortodoxia feminista y todos los mitos fundacionales (“el relato” lo llaman ellos) sobre la mujer construida a sí misma. Tanto es así que, en otra conditio sine qua non, lidera su partido en alguna cámara, en este caso el Ayuntamiento de Madrid.

Ahora, en su madurez, esta esperanza blanca de la (pseudo)izquierda madrileña culmina su evolución natural cantando las loas, nada menos, que de una cumbre atlantista en Madrid. Atención a ello porque es más profundo de que lo que parece. De un solo plumazo, recoge la peor tradición de la (pseudo)izquierda española: mantener su discurso progre, facilón y florido para a la hora de la verdad alinearse sin fisuras con el imperialismo anglosajón. Por otro, y no es un tema menor que diría Mariano, añade una pizca de nacionalismo de patria chica (ya nos estábamos asustando al ver que no aparecía…) al aplaudir cualquier evento por “bueno para Madrid”, una ciudad que se promociona ante tal escaparate. No importa que en realidad la cumbre vaya a celebrarse en nuestro suelo para que, siguiendo una tendencia que comenzó con la Conferencia árabe-israelí de Paz de Madrid del otoño de 1991, en caso de atentado o problema, cualesquiera que pudiera ser su naturaleza, nos lo comiésemos nosotros con patatas y no la población estadounidense. Pero aún menos le importa a nuestra (pseudo)izquierda que España tenga asignado el rol internacional de un reino vasallo (otro día hablaremos de ello con mayor profundidad) que va a recibir durante este cónclave nuevas instrucciones en lo económico y político. Pero por encima de todo esto, en la cúspide de la pirámide, se encuentra aquella foto que ilustra la entrevista de Servimedia y que mencioné al principio. Maestre ya es famosa. Ya está. Fin. Como si de la puerta “mágica” del concurso Gran Hermano se tratase, el acceso de toda esta caterva a la primera línea de la política no ha supuesto otra cosa que el ascenso al status social de celebrity. Da igual que sea por cantar, jugar al futbol, salir en TV o ser concejal. En nuestra sociedad, la aspiración del ciudadano medio para ganar prestigio y “triunfar” (“Operación Triunfo”, recordemos, no se llamaba así por casualidad) no es otra que la de ser popular (que no del Partido Popular, o al menos no necesariamente). Rita Maestre ha conseguido la última ratio de la declinante “nueva política”: salir por televisión, ser convocada a eventos, photocalls, ser la más popular de su instituto, la masca del barrio, conceder entrevistas ante los mass-media donde declamar sus pizpiretas defensas del feminismo, el Orgullo Gay o la O.T.A.N. No es, al igual que Zelenski y que tantos otros, una política sino una celebrity de la política, Enhorabuena a los premiados.

 

Saúl Martín González

https://saulmartingonzalez.academia.edu/

historiador, arqueólogo, escritor y profesor, (en Universidad y Secundaria) español . Sus líneas de investigación principales son la Arqueología del Paisaje y la Historia socioeconómica, especialmente aplicada al mundo rural hispánico, en un abanico temporal que incluye la Iberia protohistórica, la Hispania romana y la Spania tardoantigua, si bien ha realizado investigaciones en otros periodos, como la Historia Contemporánea de España. Es miembro fundador del Equipo Arqueológico Driebes-Caraca (Driebes, Guadalajara, España) que investiga desde 2016 hasta la fecha la civitas hispanorromana (de emplazamiento desconocido o no plenamente demostrado hasta 2.016) de Caraca, en la antigua Hispania Citerior/Tarraconensis.

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