Anatomía de un líder de derechas

Líder de derechas

Manuel Tamariz | Al pirandelliano conflicto que un día sucumbió al PP en una peligrosa crisis interna vemos por fin, en la cara de un experimentado presidente gallego, la salida templada de una cruda pugna. Su entronización, bien entendida entre la afección desmesurada de un gran público al movimiento Ayuso y el desgaste del liderazgo Casado, plantea ahora varios análisis sobre la capacidad del PP para remontar en las encuestas y encabezar una alternativa firme al gobierno de coalición.

Se estrena el nuevo presidente del PP en un congreso que podríamos calificar de “puesta en el trono” pues su elección se ha dado sin oposición y entre el batir de palmas de sus acólitos. No deja de ser entendible que ningún cargo del partido haya decido disputarle el puesto, gracias, sin duda, al aura mesiánico que los medios conservadores le han otorgado. El “cirujano de hierro” arriba a la dirección del Partido Popular con un estético discurso basado en la abnegación más profunda. Su presidencia “no es un cargo, sino una carga”. Hábil reacción para el que quiere liquidar cualquier sensación de un reemplazo fruto de una conspiración y más bien darle un aire de relevo necesario y a trasmano.

Lo cierto es que, el recién dimitido presidente de la Xunta deberá enfrentarse a varios retos de liderazgo que responden a tres nombres: PP, derecha ideológica y gobierno de España. El primero parece estar bajo control, pero el segundo y el tercero comportan semejantes dificultades. Ganar en la derecha será condición necesaria para acercarse a la Moncloa. Cómo obtener ese liderato ideológico y electoral es lo que determinará si el PP vuelve a convertirse en un partido de poder.

Quizás el próximo Congreso regional del PP de Madrid resguarde a la nueva dirección de esos aires de fronda que en su día azotaron a las puertas de Génova. Y es que la elección de Feijoo abre la veda a una mayor influencia de las baronías. El presidente gallego es en toda regla un “primus inter pares”, el barón protagónico que reemplaza la decadente moderación de Casado con la mesura y experiencia del estadista Feijoo.

Si bien ha podido descansar complaciente durante los días de congreso, ventaja sobre Sánchez que lleva más de dos años sin pegar ojo, ahora, casi un mes después de su elección, tendrá que desvelar el meollo doctrinal con el que pretende gobernar. En teoría, el politiqueo de partido ya no debería servir, y en estos momentos la sustancia ideológica tendrá que tomar el papel protagonista con miras a la disputa en la derecha y, en última instancia, la toma de la Moncloa. Las formas aparentemente moderadas deberán corresponderse ahora con un posicionamiento ideológico firme. ¿Acompañará Feijoo a esas maneras moderadas un ideario liberal acercado al centro político o disputará con Vox ese conservadurismo irredento y lepenista? De lo que hemos visto hasta ahora solo podemos asegurar que el PP sigue en esa cuerda floja que favorece a contrincantes de ambos lados.

Jugar en el terreno sembrado por VOX es una idea estratégicamente mala. El marco político del que se han servido, hecho precisamente a las botas de Abascal y los suyos, dificultaría cualquier pretensión por recuperar el electorado perdido. No participar dentro del marco no quiere decir no tratar los temas que el partido de Abascal plantea, alguno de los cuales se han introducido pertinentemente en el debate público de la derecha. Andalucía, una tierra donde el PP se vio superado en 4 provincias por el partido de Abascal en las pasadas elecciones generales, será entonces la prueba de fuego para el liderazgo Feijoo y esa estrategia pendiente. Más aún, de mayor relevancia será el gobierno que permita la aritmética parlamentaria a partir del 19 de junio. Por si lo de Mañueco fuera poco, el rumbo marcado por los pactos PP-Vox vivifican un planteamiento todavía rudimentario y poco pulido del Partido Popular. Porque si las encuestas son certeras y de verdad se da un gobierno entre ambos partidos en Andalucía se me imponen varias preguntas. ¿Qué se pretende? ¿Hacer luz de gas al electorado de centro? ¿Acaso convencerles de que tales pactos no son excluyentes con la línea liberal y moderada que Feijoo tanto predicaba? Esto solo confirma el estado liminal en el que el líder gallego se encuentra. Un cubo lleno de agujeros.

Por si todo esto fuera poco, el PSOE hostiga desde la distancia. Cae el PP en la eterna trampa, en los reduccionismos y en la espuria equivalencia de los populismos. Por mucho que a unos y a otros beneficie, esas simplificaciones a este respecto deforman el debate político. Vox y los partidos independentistas no son comparables. Unos avalan el homenaje a asesinos exconvictos, otros han declarado su intención de ir en contra del estado de derecho y otros tantos reclaman la ilegitimidad de un gobierno salido de las urnas. Queda a cada cual organizar la mayor o menor nocividad que tienen estas cuestiones para el estatus democrático del país.

Y a propósito, Feijoo ha de hacer oposición hasta 2023 sin escaño en el Congreso. Recae en la nueva secretaria general, Cuca Gamarra, el peso de representar esa oposición constitucional que tanto ansía monopolizar el propio partido. Nos recuerda esta situación a la de una vieja gloria del PP que no llegó vivo a unas elecciones generales, Don Antonio Hernández Mancha. Corresponde recordar que la Alianza Popular de 1987 se valió de una moción de censura con un resultado parecido a la planteada por Vox en octubre de 2022 pero con unas consecuencias distintas: al primero le supuso cavar su propia tumba política y al segundo fortalecer sus líneas e incomodar al Partido Popular de Casado. El presidente gallego no necesitaría una acción de tal envergadura, bastaría a lo mejor con un buen golpe de efecto para relanzar su opción.

En definitiva, el diagnostico revela ciertos resultados claros. Acosado a derecha e izquierda, falto de un planteamiento ideológico marcado y de una respuesta política firme que le haga salir de ese encorsetado espacio, mucho trabajo le queda a Feijoo y su equipo para sacar al PP de esa agonía hecha crónica.

 

Manuel Tamariz

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