¿Quién teme a la filosofía?

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Enrique Galindo Ferrández | La filtración del borrador del decreto de currículo que el gobierno ultima como desarrollo de su ley educativa, la LOMLOE, nos ha vuelto a demostrar que el PSOE, y seguramente Unidas Podemos, no tienen a la filosofía en mucha estima. En efecto, la materia desaparece por completo de la etapa de Educación Secundaria Obligatoria, eso que allá por los 90 se inventó el mismo partido y llamó así, ESO, como si fuera un cosa con la que no se sabe muy bien qué hacer. Y los mismos que pergeñaron aquello nos traen ahora a su nuevo vástago legislativo.

Con la LOE (2006) existía en esa etapa de la que usted me habla la asignatura de Ética, en 4º curso. Era una asignatura menor, con una carga de dos horas, pero que daba mucho juego para reflexionar con el alumnado e introducirlo en los rudimentos del razonamiento filosófico y en la comprensión de los problemas del presente. Existía también aquella cosa que dio en llamarse Educación para la Ciudadanía, que se daba en 2º o en 3º, dependiendo de las veleidades autonómicas, y que era básicamente un pastiche ideológico con el que los docentes de filosofía hacíamos lo que podíamos. Pero bueno, podía servir, si no se daba muy mal, como preparación para la Ética de 4º. La LOMCE (2013) vino a cambiar las cosas, el PP prefería la Religión a la Ciudadanía y eso de la Ética no le acababa de venir bien, por lo que fuese. Así que suprimió la Ética y la Ciudadanía y en su lugar puso una asignatura de alternativa a la Religión, que bautizó como Valores Éticos (no muy distinta, todo sea dicho, de lo que era Ciudadanía) y cambió la Ética de 4º por una asignatura de Filosofía que, nuevamente sometida a las veleidades autonómicas, en unos sitios era una optativa más y en otros era obligatoria para los estudiantes de enseñanzas académicas y optativa para los de aplicadas (que no la escogían jamás). Tampoco importaba mucho, ya que el currículo parecía hecho por alguien empeñado en que se odiara la asignatura. Así, era perfectamente posible que un alumno saliera de la enseñanza obligatoria sin haber saludado siquiera a la disciplina que algunos amamos tanto y que, digámoslo también, queda feo para cualquier político denostar en público, por aquello del qué dirán. De hecho, todos los partidos votaron en 2018, en la Comisión Permanente del Congreso, mantener un ciclo completo de formación filosófica que abarcara al menos 4º de ESO y los dos cursos de bachillerato. Quedó muy bonito, aunque nadie se acabó de fiar de aquello.

Y ahora llega el golpe de gracia. Ni Ética, ni Filosofía, ni nada que tenga que ver con esas cosas. Tendremos una asignatura de una ridícula e inoperante hora semanal “en algún curso de la etapa”, obligatoria para todos, eso sí. Educación en valores cívicos y éticos. Cada comunidad autónoma la pondrá en el curso que se le plante y consistirá en que el alumnado dialogue mucho (sobre nada), velar por su bienestar emocional y tratar de vender la moto eco-femi-trans-sostenible y las bondades de la democracia existente. Nada que ver con la reflexión crítica o con el pensamiento filosófico. Y mira que los docentes de filosofía no nos hemos cansado de decir que “Educación en valores” no es lo mismo que “Ética”; y mira también que el mismísimo Pedro Sánchez se comprometió por escrito a mantener la Ética en la ESO. Pues no. ¿Queríais Ética? Pues tomad Valores. Será muy insustancial, digo competencial, tocando muchas cosas sin poder profundizar en nada, que es de lo que se trata, porque lo importante es generar situaciones creativas de aprendizaje cooperativo, si puede ser mediante algún proyecto que quede molón en redes sociales. Solo hay que ingeniárselas para tocar unos 77 saberes básicos de lo más variopintos en 35 horas, y además que el alumnado dialogue críticamente sobre ellos mientras mejora su autoconcepto y su autoestima adquiriendo cuatro competencias específicas. Ahora ya, por fin, ningún alumno sabrá nada de filosofía al acabar la ESO, pero, esa es la promesa, gestionarán fenomenalmente sus emociones.

La verdad es que no sorprende. Eso de corromper a los jóvenes e introducir dioses nuevos en la ciudad, que es a lo que nos dedicamos básicamente y desde antiguo los departamentos de filosofía en los institutos, no es políticamente muy apreciado. Que se lo digan a Sócrates. Más recientemente, Deleuze señaló que “la filosofía sirve para entristecer” y añadió que “una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía”. Malos tiempos estos para la filosofía, en los que el aprendizaje tiene que ser divertido y alegre. Nada de tristezas. Y en los que contrariar al alumnado, de momento el universitario, pero todo se andará, puede desatar campañas agresivas para cancelar al docente que ose incurrir en semejante pecado. No, no. Mucho mejor eliminar de la educación obligatoria la posibilidad misma de que las sombras de la caverna puedan ser vistas como lo que son, como sombras engañosas, cosa que suele poner triste y contrariar a más de uno. En el fondo tiene toda la lógica del mundo ¿Por qué iban a querer los productores de sombras, sean del PSOE o del PP, de EduCaixa o de la Fundación BBVA, de la OCDE o de la CEOE, que se sospechara del mundo que tan generosamente construyen para nosotros? Ya saben, como nos enseñaba el famoso poster de Futurama y ahora también la educación en valores cívicos y éticos de la LOMLOE, emprendimiento mediante:

You are not paid to think.
A mindless worker is a happy worker!
Shut up and do your job!

[No te pagan por pensar.
¡Un trabajador descerebrado es un trabajador feliz!
¡Cállate y haz tu trabajo!]

 

Enrique Galindo Ferrández


Profesor de enseñanza secundaria y coautor del libro 'Escuela o Barbarie. Entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda', Akal (2017)

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